Golpe de tensión en Epec

(Ilustración de Juan Delfini)

La Provincia está construyendo una bandera política detrás de ese frente gremial que abrió Schiaretti.

Juan Schiaretti es el único político cordobés en funciones que puede mostrar una foto junto a Agustín Tosco en las calles de la Córdoba convulsionada de principios de la década de 1970. El convenio colectivo que disfrutan los trabajadores de la Empresa Provincial de Energía (Epec) es hijo dilecto de aquellas santificadas luchas políticas. Pero hoy sirve para amparar absurdos tales como la energía gratis y a discreción que reciben los empleados, mientras sus vecinos –que, en promedio y siempre que trabajen en blanco, cobran menos de un tercio de lo que ganan ellos– hacen malabares para pagar la factura de luz.

La semana pasada, al mismo tiempo en que la Legislatura aprobaba el combo de cambios electorales diseñados por Unión por Córdoba a la medida de lo que considera más conveniente de cara a la elección de 2019, Schiaretti guardó la foto con Tosco y puso en discusión ese convenio colectivo que tan caro les cuesta a todos los cordobeses y que sólo beneficia, de por vida, a los empleados de Epec.

Quedó la sensación de que la Provincia esperaba una respuesta más destemplada del gremio, y que la esperaba justo en el momento en que schiarettistas y kirchneristas levantaban la mano para aprobar los polémicos cambios electorales. No fue así. Luz y Fuerza rechazó los cambios propuestos, pero hasta ahora no abrió un conflicto de esos que dejan a miles de usuarios a oscuras o que generan violencia.

En el Centro Cívico, no descartan que ese sea el escenario en las próximas semanas y aseguran que si el gremio no acepta un debate en términos civilizados, el conflicto será dirimido en una consulta popular. No hace falta gastar en encuestas para imaginar qué dirían los cordobeses sobre el convenio colectivo de Epec.

Lo cierto es que lo que hoy está en juego para Luz y Fuerza son cinco puntos secundarios en esas 100 páginas de beneficios que conforman el convenio laboral: seguirán en Epec los cargos hereditarios, la luz continuará siendo casi gratuita para los empleados que tengan un nivel de consumo razonable, la BAE (bonificación anual por eficiencia) les seguirá garantizando a los afiliados de Luz y Fuerza 15 sueldos anuales en lugar de los 13 que cobran todos los empleados en blanco, y el nivel salarial continuará triplicando el promedio cordobés. Además, en la Provincia todavía repiten el mantra de Luz y Fuerza: “Epec es integrada y estatal”.

Es tal la desmesura en esa Epec que, sin ir a lo sustancial, la Provincia proyecta un ahorro de mil millones de pesos con esos cambios que impulsa.

Es verdad que Unión por Córdoba se acordó tarde de que un tercio de lo que pagan los usuarios se consume en sueldos y que lo hizo en el momento en que enfrenta dos desafíos titánicos: contener la indignación unánime que cada mes generan las facturas de electricidad y mantener a raya a la oposición para poder continuar en el poder en 2019. La Provincia está construyendo una bandera política detrás de ese frente gremial que abrió esta semana Schiaretti, y que tarde o temprano exigirá respuestas a Ramón Mestre.

Si Epec es una complicación para la Provincia, el municipio que administra Mestre es el más cabal ejemplo de corporativismo gremial. Rubén Daniele se apresta a volver a conducir formalmente el Suoem con 65 años cumplidos y seis meses después de que Mestre anunció que lo había jubilado. El gasto salarial del municipio nunca se retrajo y desde este año los municipales baten el récord de aumentos: cada mes, el salario del intendente sube entre tres mil y cuatro mil pesos, y toda la escala salarial se corre al ritmo de una inédita cláusula gatillo mensual.

El mismo presupuesto municipal es el que sostiene la estructura surrealista que montó Mauricio Saillén, líder de los recolectores de basura. El gasto en higiene urbana también bate récords en una ciudad que cada vez está más sucia, y fue la gestión Mestre la que permitió que el poder del Surrbac trascendiera ampliamente lo gremial para incidir en el manejo de la municipal Crese, en el Esop –aquel ente autárquico con el que Mestre prometió hacer más eficiente su gestión y que hoy se dedica al barrido de calles– y hasta en decisiones tan estratégicas como la definición de la licitación de la basura.

El Surrbac ya avisó que pretende que el contrato más importante de la Municipalidad de Córdoba siga en manos de Lusa y de Cotreco, y que no admitirá el desembarco del grupo Vega-Caputo. Cuánto más admitirá Mestre es un enigma: las fotos con Saillén no tienen peso histórico y pueden complicar el futuro.

Edición Impresa
El texto original de este artículo fue publicado el 15/04/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
Más de Opinión

Francia y Argentina, por una cultura de la paz y la concordia

El populismo, el nacionalismo, la intolerancia han sido los ingredientes de unos cataclismos sin precedentes. 

Tal Cual, por Chumbi

Comentá esta nota