Crítico diagnóstico

Efectos. El aislamiento social y la interferencia en la vida cotidiana son consecuencias de quienes usan los videojuegos en forma intensiva hasta perder el control. (Nicolás Bravo)

Una adicción se define por la interacción de tres elementos: falta de control, pérdida del orden de las prioridades y conductas sostenidas en el tiempo.

Según un documento preliminar, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluirá en la nueva versión de su Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD-11, por su sigla en inglés) a la adicción a los videojuegos.

No hay acuerdo en la comunidad científica sobre el tema. Pero, como la clasificación de la OMS, para mal o para bien, siempre ha obrado como una referencia, cada país debiera analizar la cuestión y tomar una posición.

Cuando se está frente a una adicción, corresponde que el sistema sanitario se disponga para proveer atención médica y que cuente con recursos para prevención, tratamiento y rehabilitación.

Argentina, a través de la ley 26.043, promulgada en 2005, estableció la obligatoriedad de que los fabricantes e importadores de videojuegos colocaran la leyenda: “La sobreexposición es perjudicial para la salud”. Es un antecedente, pero no alcanza.

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Por su parte, la Asociación Americana de Psiquiatría, en la última revisión del Manual Diagnóstico en Psiquiatría (DSM, por su sigla en inglés), elaborado en 2013, se resistió a considerar la adicción a los videojuegos. No hay que convertir en patologías ciertas conductas de la vida cotidiana moderna, sería el argumento.

Algunos especialistas sostienen que una adicción se define por la interacción de tres elementos: falta de control, pérdida del orden de las prioridades y conductas sostenidas en el tiempo. El resultado es una perturbación de la vida cotidiana. Drogas, alcohol, tabaco, ludopatía, videojuegos; el mecanismo es el mismo. Hay una compulsión que domina la conducta del sujeto.

Una pregunta derivada es si la tecnodependencia no debiera ser también diagnosticada como una adicción. Estamos hablando de celulares, internet y otras tecnologías de información y comunicación. Adicción a las redes sociales, por ejemplo, donde el mantenimiento de un contacto virtual se torna más importante que la mínima comunicación con los afectos más cercanos y “reales”.

Un estudio de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba sobre el uso de estos dispositivos tecnológicos detectó, en una población de estudiantes universitarios, que en un 28 por ciento de los casos había un uso patológico (lo que implica una interferencia permanente y severa) y en casi un 48 por ciento había un uso instrumental de riesgo (que representa una interferencia ocasional de sus actividades). Entre ambos grupos suman el 76 por ciento de la población estudiada.

La OMS supo equivocarse al considerar durante muchos años a la homosexualidad como una enfermedad. No está claro que estemos frente a un nuevo error de diagnóstico. En todo caso, antes de aseverar algo así debiéramos promover un profundo debate.

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El texto original de este artículo fue publicado el 14/01/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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