La noche de los muertos vivientes: reseña de "Lincoln en el Bardo"

George Saunders (electricliterature.com)

Reconocido cuentista, el escritor George Saunder se prueba por primera vez con una novela, en la que narra la historia del hijo de Abraham Lincoln, que murió a los 11 años.

George Saunders (Texas, 1958) ya era reconocido como uno de esos cuentistas que en cada relato varían las formas narrativas, poniendo a prueba sus límites y desafiando al lector. Algunos de esos experimentos pueden leerse en libros como Guerracivilandia en ruinas, Pastoralia o Diez de diciembre.

Cerca de sus 60 años, Saunders –que enseña escritura creativa en la Universidad de Syracusa, Nueva York, donde en su momento estudió con Tobias Wolff– se probó al fin en el terreno de la novela con Lincoln en el Bardo. En 2017, el libro ganó el prestigioso premio Booker (a la mejor novela escrita en inglés y publicada en Inglaterra).

Saunders basa su libro en un hecho histórico, sobre el que agrega capas y capas de imaginación.

El hecho: la muerte, con sólo 11 años, del hijo de Abraham Lincoln, justo cuando el presidente norteamericano enfrenta la Guerra Civil. Abrumado por la pena, Lincoln visita la tumba de su hijo a solas, en plena noche.

Pero el "Lincoln" del título no es Abraham, sino su hijo, Willie; y el "bardo" en el que se encuentra no refiere a ningún quilombo (ni a ninguna otra de las acepciones que en la Argentina le damos a esa palabra), sino a un concepto del budismo tibetano: el Bardo es el estado astral intermedio del alma entre su muerte y su reencarnación.

Dicho concepto, mezclado con la cosmovisión cristiana –imposible no pensar en el limbo dantesco–, resulta en un relato coral cautivante, que opera en un “más allá” con reglas propias.

La novela intercala dos planos narrativos: por un lado, los hechos terrenales, históricos, agrupados mediante un colaje de citas bibliográficas (verdaderas e inventadas); y, por otro lado, los relatos de ese más allá en el que Willie ahora escucha las historias de otras almas. Son muertos que no admiten su condición de tales, y cuyas voces se alternan como en un texto teatral (salvo que se indica quién habla al final de cada parlamento, y no al principio).

En 108 capítulos breves y brevísimos, Saunders ensambla cientos de parlamentos. Algunos son torrenciales; otros no van más allá del tamaño de un tuit.

Esa alternancia de voces muertas hace de Lincoln en el Bardo una actualización de la imprescindible Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters. Aquí el cementerio es el de Oak Hill, ubicado en Washington.

Una especulación metafísica, pero también las pérdidas, el luto, los anhelos que duran más que las vidas truncas; el maltrato que nos prodigamos entre los seres humanos; el amor paterno-filial; la vida pública y privada de un hombre público, sus responsabilidades entreveradas en los dos ámbitos; las infinitas versiones que compondrán, luego, la biografía de ese gran hombre y la historia de su país... esos y otros temas transita esta novela, llena de compasión y ternura por sus personajes, al punto de resultar conmovedora (sin por eso estar exenta de humor).

Dos planos de la existencia y una sola noche –¿con luna o sin ella?– le bastan a Saunders para ofrecernos un hermoso alarde de inventiva y fabulación.


Lincoln en el Bardo

George Saunders
Seix Barral, 2018
440 páginas

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El texto original de este artículo fue publicado el 06/11/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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