Los idólatras y los apóstatas del papa Francisco

Lo más importante
  • Cuando llegó al Vaticano, en 2013, el Papa destruyó un relato kirchnerista.
  • Pero nunca sacó los pies del plato peronista ni dejó de influir en la política argentina.
  • Por eso, los mismos simpatizantes que había ganado al comienzo, ahora lo critican.

Cada cual podrá tener la opinión que quiera del papa Francisco, pero algo no podemos negarle: su extraordinaria capacidad para cambiar el giro de los relatos y darlos vuelta como una media.

Lo hizo en 2013, cuando en apenas una semana consiguió que todo el kirchnerismo –medios, gobierno, funcionarios– pasaran de furibundos críticos por su supuesto rol durante la dictadura, a poco menos que idólatras de su figura. Ni bien asumió, en marzo de ese año, el giro oficialista fue milagroso.

El Papa también se encargó de desarmar los dichos del exgobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, que en 2013 había dicho que “el Papa intercedió infinidad de veces cuando mi familia estaba desesperada al estar yo desaparecido, hasta que después me blanquearon como preso político”. Sin embargo, en el libro Aquel Francisco, de Javier Cámara y Sebastián Pfaffen, el sumo pontífice dijo no recordar tal episodio.

En el último año, el líder de la Iglesia Católica también rompió el romance con aquellos que lo ensalzaban, justamente, por haber sido el único capaz de torcer el relato kirchnerista en una década, y haber sido aceptado como vencedor.

De todos modos, no pasó mucho tiempo de su papado para que comenzara a mostrarse como un simpatizante de la doctrina peronista, un movimiento que, a fin de cuentas, en muchas de sus variantes mantiene la lógica de una religión (él mismo las asocia).

Todo Papa es político, y su papel en la política argentina es crucial, se valore como se valore. Francisco podrá negarlo mil veces, o minimizar lo que otros dicen por él, pero sus actos no van en el mismo sentido que sus explicaciones. Y casi siempre, lo que cuenta son los actos.

No habría por qué avergonzarse de ello ni buscar excusas diplomáticas. 

Cada cual es dueño de simpatizar con el Papa, de idolatrarlo o de defenestrarlo. Él cosechará beneplácitos y críticas en iguales porcentajes. Y que nadie se extrañe si, dentro de un tiempo, esas reacciones vuelven a invertirse.

 

EL PAPA EN CHILE. Canal especial.

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