La revisión de pares, a revisión

Conocimiento. La difusión de la ciencia encuentra otros canales. (La Voz)

Desde hace algunos años, el sistema de "preprintis" está sacudiendo a toda la industria editorial científica.

Philosophical Transactions fue la primera revista que incorporó el sistema de revisión de pares en 1.665. Desde entonces, este mecanismo de publicación es el que ha dominado y garantizado (con excepciones) la fiabilidad de los avances científicos. Sin embargo, ahora está en riesgo.

La ciencia no es ciencia si no se comunica para que otros investigadores puedan seguir aumentando los conocimientos a partir de lo que ya se conoce.

La forma de comunicar que tienen los científicos son los papers o artículos científicos publicados en revistas especializadas.

Pero para que una revista publique un trabajo, el borrador primero debe ser leído por otros científicos expertos en la materia, que pueden señalar errores, correcciones, ampliaciones y hasta rechazar el trabajo. Esa es la revisión de pares o peer review, en inglés.

Aunque tiene sus falencias, este mecanismo garantiza que lo que se publica sea confiable, veraz y original.

El proceso de revisión es lento, pero el mayor cuestionamiento viene por el negocio que hay detrás de este sistema. Seis grandes editoriales controlan la mitad de las publicaciones científicas.

Las editoriales cobran una suscripción al potencial lector. Hay diferentes combos por cantidad de revistas; incluso se puede pagar por artículo, y también hay paquetes institucionales.

Por ejemplo, el sistema científico argentino les paga a estas editoriales unos 22 millones de dólares al año para que los investigadores accedan a las publicaciones de estas.

Sin embargo, desde hace algunos años el sistema de preprints está sacudiendo a toda la industria editorial científica. Un preprint es un artículo científico que se publica en un repositorio sin que pase por una revisión de pares. Tanto la publicación como su lectura son gratuitas.

El primer repositorio y el más famoso es arXiv, creado en 1991 y que publica trabajos sobre matemática, astronomía, física, estadística y computación. La biología y la química se sumaron tarde a este movimiento: BioRxiv fue creado recién en 2013.

“Los preprints son buenos para la diseminación rápida de resultados y un avance más dinámico del conocimiento. Llegaron para quedarse”, asegura Humberto Debat, investigador del Conicet en la sede del Inta de la ciudad de Córdoba.

Debat es uno de los embajadores argentinos de un movimiento de buenas prácticas en ciencia. Impulsar buenas prácticas siempre es necesario, pero lo será más en un sistema de publicaciones sin revisores que pueden filtrar trabajos con errores o fraudulentos.

La situación puede ser especialmente espinosa en temas de salud o ambientales, donde una publicación científica (mala o buena) puede motorizar cambios en la política ambiental o sanitaria de todas las naciones y afectar las finanzas de grandes empresas.

Pensemos en casos vinculados a vacunas, plaguicidas o al cambio climático, que saltan en los medios de comunicación. Pero Debat cree que el movimiento preprint no debe frenarse por este motivo.

“Cuando los científicos y periodistas siguen principios fundamentales para informar los resultados de la investigación, como garantizar que las publicaciones sean rigurosamente documentadas y verificadas, las preimpresiones no representan un riesgo mayor para la comprensión pública de la ciencia que los artículos revisados por pares”, dice un documento publicado por este científico y suscripto por otros colegas del mundo.

Lo curioso es que esta carta fue publicada en Nature, una de las revistas científicas más famosas y que cuenta con revisión de pares.

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El texto original de este artículo fue publicado el 13/09/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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