La cola que Susana hizo en el banco desde las 4

Por cajero. Persiste su poco uso.

A los bancos y al Estado les falta hacer mucha docencia.

“Yo vine el miércoles al banco y me tuve que ir porque no me atendieron, así que le pedí a mi hijo que me trajera hoy (por ayer) a las 4 de la mañana para poder tener un número y que me atendieran”, dice Susana. Ayer, en el banco Nación, la mujer soportó cinco horas de pie hasta poder acceder a una silla y luego, dos horas más tarde, cobrar la jubilación.

La escena de largas colas de jubilados fueron noticia por el temporal que a las 8 de la mañana los sorprendió en la vereda y porque se combinó con una asamblea del gremio bancarios que debía iniciarse a las 11.30 y que, en varias de las sucursales, empezó antes.

Mucha de esa gente mayor debió ser “auxiliada” por porteros y por vecinos de la zona para que se guarecieran de la lluvia. Muchos se fueron, otros lograron ingresar a las pequeñas salas de atención de los bancos y otros siguieron esperando afuera. Una parte pudo completar su trámite y otra lo intentará de nuevo hoy.

La cuestión de fondo es que el grueso de los adultos mayores no manejan el cajero automático por sus propios medios. En Argentina, según la Encuesta Nacional del Adulto Mayor de 2016 del Indec, apenas el 36 por ciento de mayores de 65 años usa cajeros automáticos. Hay bancos con mejores índices: Bancor, que paga mucha jubilación provincial (gente más joven y con mejores ingresos), el 74 por ciento lo usa. Pero hay un enorme grupo de jubilados que en su vida activa no manejaron cajeros y que siguen sin hacerlo.

El adulto mayor tiene falta de destreza instrumental ante la máquina, y eso es comprensible. Las preguntas de fondos son: ¿nos resignamos? ¿Los dejamos librados a la próxima tormenta, al próximo paro? Ayer fueron noticia, pero siempre en las fechas de pago las colas son de tres horas.

Muchos convalidan que el abuelo vaya al banco porque es el “paseo” del mes, se encuentra con amigos y demás. Hay que instarlos a que todo eso se puede hacer igual sin hacer colas de cuatro horas. Otros subrayan que “son grandes y no pueden aprender” una cosa tan innovadora como usar un cajero. ¿Es así realmente o esos serán los casos extremadamente excepcionales? Muchos, incluso, manejan un celular.

A los bancos y al Estado les falta hacer mucha docencia. Las asistentes no bancarias deberían estar más presentes y hasta una política de premios funcionaría para incentivar el uso de cajeros.

Pero las familias y los vecinos que rodean al adulto mayor tienen que hacer su parte. Es que de la cuestión de fondo somos todos responsables: la exclusión no es algo para resolver sólo por los bancos o por el Estado.

Por “todos” se entiende la red que rodea al jubilado, que es la que debe aconsejarle qué actividades no hacer, cuáles sí y qué opciones tiene. El hijo de Susana no puede dejar a su madre en el banco a las 4 de la mañana, por más que a ambos les haga falta el dinero que está en la cuenta. Un golpe de calor o una tormenta a la intemperie se puedan pagar muy caro a los 70.

Además, hay opciones ahora muy desarrolladas, que son más simples que una máquina automática: las cajas de los propios comercios. Con una compra mínima en una farmacia, un supermercado o una estación de servicio, se pueden extraer hasta cinco mil pesos de la caja de ahorro, presentando la tarjeta de débito y el DNI. El servicio se llama Extra Cash (Visa), CashPlus (Bancor) o Cash Back (Master) y no tiene costo ni pago de comisión. También las bocas de cobro extrabancarias, como RapiPago y Pago Fácil, permiten hacer extracciones de la cuenta. No está aún en todas las sucursales, pero cada vez se suman más.

Hay que tener un plan B. El jubilado lo tiene que asumir y los activos de hoy, que seremos los jubilados de mañana, también debemos asumir que en esa etapa de la vida no todo se puede seguir haciendo igual. Nombrar un apoderado para que cuando las condiciones no sean las deseables (porque hay paro, porque hace mucho calor o mucho frío, o porque el beneficiario puede estar enfermo) sea quien retire el dinero es un buen plan B.

Usar el cajero del súper es otro plan alternativo. Pedir ayuda también. Y la red del jubilado tiene que estar presente, incluyéndolo en todo lo que la tecnología o la tozudez los excluya.

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El texto original de este artículo fue publicado el 22/12/2017 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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