El gran debate de la desobediencia partidaria

El voto de los senadores cordobeses es un fiel reflejo de esa desobediencia: Laura Rodríguez Machado, Ernesto Martínez y Carlos Caserio desecharon las indicaciones de sus jefes políticos o votaron al revés del modo en que lo habían hecho los diputados por Córdoba de sus mismos partidos.

Volvió a ocurrir ayer en el Senado. El debate por la despenalización o legalización del aborto logró subordinar la política partidaria al propio razonamiento y a la conciencia de una porción muy amplia de los legisladores. Se trata de una práctica que muy pocas veces se observa en los debates parlamentarios. Tal vez sea la clave principal de la riqueza de esta discusión nacional, que más que haberse clausurado ayer, parece apenas haber comenzado.

Lo real es que las conducciones partidarias lo aceptaron, sin que esté muy claro todavía si fue por considerar que era un tema demasiado trascendente para subordinarlo a intereses políticos o porque lo minimizaron.

Hay otro elemento por tener en cuenta: las encuestas que definen buena parte de los posicionamientos políticos nunca terminaron de dilucidar cuál postura era la más conveniente de cara a 2019 y a una ciudadanía atravesada por entero por la discusión.

El voto de los senadores cordobeses es un fiel reflejo de esa desobediencia: Laura Rodríguez Machado, Ernesto Martínez y Carlos Caserio desecharon las indicaciones de sus jefes políticos o votaron al revés del modo en que lo habían hecho los diputados por Córdoba de sus mismos partidos, y conformaron un bloque homogéneo a favor de la despenalización. Los tres, además, defendieron con consistencia la postura unánime de introducir cambios en el dictamen de Diputados, con un proyecto alternativo.

También los unió el hecho de haber sufrido agravios tras definir su postura favorable, y de haber sido interpelados con nombre propio por la campaña que encabezó la Iglesia Católica, que en Córdoba llegó al extremo de mencionar la palabra “dictadura” para referirse a la eventual aprobación de una ley en el Congreso Nacional.

Ernesto Martínez soportó una carta pública de Luis Juez en la que este le pidió que cambiara su postura. Laura Rodríguez Machado tuvo un planteo de los cuatro diputados cordobeses del PRO que habían votado en contra (Nicolás Massot, Héctor Baldassi, Javier Pretto y Gabriel Frizza) y de muchos otros dirigentes provinciales y nacionales del macrismo. Carlos Caserio también adoptó la posición contraria a los diputados cordobeses del peronismo, que sí habían seguido lo dictaminado desde el Centro Cívico: oponerse.

El resultado de esta dinámica política atípica en torno de la discusión del aborto es que Córdoba tuvo en la segunda votación un comportamiento muy distinto que en la primera. En la aprobación de Diputados, fue la provincia que más votos negativos aportó en relación con sus bancas –13 de 18 diputados votaron en contra– y ayer, cuando el Senado rechazó el proyecto, fue una de las pocas provincias que brindó tres votos por el “sí”.

Los cordobeses nunca lo escucharon a Juan Schiaretti decir qué piensa del aborto, pero su esposa, la diputada Alejandra Vigo, fue la única que se abstuvo. Igual, ayer desde el Centro Cívico aseguraron que no hay reproche a Caserio por su postura favorable.

Ramón Mestre sí se pronunció en contra de la despenalización, pero le desobedecieron las dos diputadas mestristas, Brenda Austin y Olga Rista, que además estuvieron entre las principales impulsoras del proyecto. También hizo caso omiso a su postura Mario Negri, su principal rival en la interna de la que saldrá un candidato de Cambiemos.

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El texto original de este artículo fue publicado el 09/08/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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