Crónica de un rescate tras ocho horas bajo tierra

El relato de Domingo Carral, uno de los bomberos que el sábado sacaron a un turista cordobés de una mina en Catamarca. David Idesses había estado inconsciente en el fondo de la explotación abandonada.

El sábado transcurría con el sosiego pueblerino de siempre en Santa María, ubicada a 332 kilómetros al norte de San Fernando del Valle de Catamarca. El otoño teñía de ocre el contorno montañoso de esa localidad, considerada la capital de los valles Calchaquíes.

En el cuaderno de los Bomberos del pueblo no se habían asentado novedades durante la mañana del sábado.

Pero la calma se hizo añicos de repente, cuando una llamada telefónica alertó a la guardia del cuartel sobre un accidente que requería de los socorristas para rescatar a una persona que había sido tragada por la tierra.

“A las 12.15, el subcomisario Marcelo Lagoria, de Puerta de Corral Quemado (situada a unos 150 kilómetros de Santa María), nos comunicó que un muchacho se había caído dentro de la mina de Culampajá”, inicia su relato el oficial Domingo Carral.

El yacimiento de oro, abandonado desde hace décadas, data quizá de la época prehispánica; su bocamina ejerce un magnetismo singular en los aficionados al turismo de aventura.

Hasta ese lugar inhóspito habían llegado en cuadriciclo el cordobés David Idesses (46) y un grupo de amigos a llevar abrigos a pobladores de parajes cercanos.

Protección. La caída había dejado al hombre inconsciente.

Protección. La caída había dejado al hombre inconsciente.

Imprudencia

Luego de repartir la ayuda, los motoqueros fueron a conocer la antigua explotación. Cuatro de ellos se metieron al túnel de piedra perforando la oscuridad con la luz de los celulares. No se percataron de que había un conducto de ventilación abierto.

Idesses cayó en el hoyo y rodó unos 40 metros hacia abajo.

Alrededor de las 17, los socorristas llegaron al sitio del accidente.

Sin demoras, el bombero Juan Cruz descendió unos 30 metros, hasta donde le permitió la soga a la que estaba aferrado. Lo siguieron Carral y David Florez.

“Desde el punto donde estaba Cruz, comenzaba una rampa de unos cinco metros, con una inclinación de 45 grados, muy estrecha”, ilustra Carral. “Comencé a bajar contra el piso, arrastrándome y, al final de la columna de la chimenea, hice contacto con el muchacho. Estaba tirado sobre las vías; había un túnel ancho en el fondo”, describe el oficial.

Y añade: “Estaba perdido, balbuceaba, no tenía idea del espacio ni del tiempo, preguntaba dónde estaba”. “Si bien no había entrado en hipotermia, se le estaba bajando mucho la temperatura corporal”, explica. “Lo abrigué bien y se adormeció; entonces, pude trabajar más tranquilo”, completa.

Carral constató los signos vitales del accidentado, comprobó que no tenía quebraduras en las extremidades y con sus dos compañeros le colocaron el collar cervical y lo subieron a la camilla de rescate.

Idesses salió a la superficie alrededor de las 18 y desde allí fue trasladado en una ambulancia hasta el Hospital Zonal de Belén. Los tres rescatistas aparecieron en la boca de la mina a las 21.40.

En dos décadas de servicio, era la primera vez que Carral participaba en un rescate así. “Recién a la madrugada, cuando me cayeron las fichas, tomé conciencia del riesgo que habíamos corrido”, concluye.

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El texto original de este artículo fue publicado el 16/05/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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